“Pina”: Danzad, danzad o estaréis perdidos

¿Empezar un espacio sobre teatro hablando de una película sobre danza? Sí, es posible si la peli es Pina, de Wim Wenders, el hombre que nos regaló algunas de las imágenes cinematográficas más poéticas de los 80.

Es posible también porque Pina Bausch, en su pensamiento escénico y en su trabajo con la compañía Tanztheater de Wuppertal, siempre ha excedido el universo de la danza para fundirlo con el del teatro, pero negándose a definir si lo que hacía era una u otra cosa:

Es una cuestión que no me planteo jamás. Trato de hablar de la vida, de las personas, de nosotros; y hay cosas que no pueden decirse con una cierta tradición de danza; la realidad no puede siempre ser danzada: no sería eficaz ni creíble”.

La primera sorpresa es que la película es en 3D. Pero el uso de esta tecnología adquiere aquí pleno sentido. Es un viaje sensual, cuyo impacto visual explora las posibilidades del 3D de manera completamente osada y original.

Para quienes sólo habíamos podido ver algunas de las creaciones más emblemáticas de Pina (como su tremenda versión de La consagración de la primavera o esa joya que es Café Müller) en viejos VHS pasados de mano en mano entre ávidos coleccionistas o en fragmentos de youtube de mala calidad, esta es una oportunidad única.

Lo que en su origen fue un documental sobre la manera de trabajo de Pina y su compañía, a raíz de la repentina muerte de la coreógrafa alemana se transforma en un poético homenaje, que incluye pequeñas ofrendas de cada uno de sus bailarines (aquellos que han estado en la compañía desde su fundación 35 años atrás y también las más recientes incorporaciones, incluída una “hija de la compañía”). Estas escenas están rodadas a caballo entre paisajes naturales y urbanos (los cuasi futuristas escenarios de la ciudad de Wupperthal). Tal como el trabajo de Pina, que daba mucha importancia a los elementos naturales: la tierra, el agua, las piedras, las flores, -incluso como sorprendente y provocador soporte escénico-, a la vez que temáticamente hablaba de lo cotidiano: de la soledad, de la violencia, de la necesidad de ser amados. Por lo que cuentan sus bailarines acerca del proceso de creación, marcada por la herencia del expresionismo alemán, Pina daba también espacio a las descargas emocionales generadas desde el inconsciente. Y, tal como puede verse en las cuatro obras en las que se centra Wenders para contar el mundo de Pina, la coreógrafa se mueve entre la potencia dramática de todo el grupo y el ritmo individual, el tono, de cada bailarín. (“Eres la más débil, y esa es tu fortaleza” cuenta una de sus bailarinas que le dijo).

Uno de los momentos más deliciosos es cuando dos de los bailarines recuerdan la reposición de Café Müller. Él le dice a ella que Pina debió bailar porque ella no recordaba los pasos. Ella riendo le confiesa su estrategia: lo hizo porque esa era la única manera de que Pina fuera vista bailando.

Debemos agradecer a los bailarines del Wuppertal Tanztheater su entrega en este generoso homenaje. Y a Wim Wenders, por acercarnos reveladoramente su mirada:

Pina era su mirada. La manera en la que veía las cosas, eso es lo que más me fascinó de ella cuando la conocí, su mirada al movimiento, cómo se expresa. Era capaz de mirar en tu interior.”

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Nota mental

Yo no había cumplido todavía los 20 años cuando vi en el escenario porteño del Teatro San Martín “Bandoneón”. Es verdad -como dice la propia Pina en el documental- que las palabras, aún cuando sean usadas en el escenario, sólo importan por lo que evocan. No recuerdo los textos de los bailarines de Bandoneón, pero las imágenes de esta bellísma creación inspirada en el mundo del tango sin usar ni un sólo paso del baile argentino, se han quedado en mí (y por eso una de las fotos de la cabecera de este rincón pertenece a este espectáculo) y más de una vez ante alguna situación cotidiana que me hace sentir perdida he evocado las metáforas danzadas de esta obra fascinante y poética.

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About teatrorama

Verónica Doynel. Gestora cultural, programadora y productora de artes escénicas, cineseriéfila y lectora voraz. Cultivo la autoficción (autoayuda onanista + ciencia-ficción no futurista), con un toque de ironía. Puro teatro, vamos. En algún punto, tomando la acepción japonesa de "crisis" como peligro/oportunidad, asumí mi desorden de personalidad múltiple y me hice freelance. Ah, el discreto encanto de la autonomía. Como me falta tiempo, escribo. O lo intento. Soy porteña en Madrid. O lo intento. PD: Miembro fundadora del grupo #Tuiteatreros, integrado por espectadores entusiastas que comparten sus impresiones vía Twitter.

2 responses to ““Pina”: Danzad, danzad o estaréis perdidos”

  1. rosypunto says :

    Me la he perdido y me da mucha rabia. Me encanta Wenders y tiene que ser un viaje emocional y estéticamente estupendo. Me la apunto para ver si todavía la ponen en algún remoto cine. 🙂

  2. teatrorama says :

    Lo es, espero que tengas oportunidad de verla!

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