Ahora/Antes: Esperando “Los ojos”, melodrama telúrico

El próximo 16 de noviembre se estrena en la Sala Dos del Teatro Fernán Gómez, Los ojos (melodrama telúrico) de Pablo Messiez. Su autor y director la presenta como “una obra sobre la vista, la tierra y el amor, o la falta de cualquiera de las tres cosas“. Como no puedo aguantar hasta entonces y ardo en deseos de que los que aún no lo han hecho descubran a este maravilloso creador, dejo aquí algo que escribí cuando vi su anterior espectáculo, Ahora (Cosas que hacemos para no estar solos), que en el principio y allá lejos fue también Antes.

Es cierto, este teatrorama está plagado de referencias personales. Nunca pretendí hacer crítica (eso se lo dejo a otros que saben más) sino simplemente acercar mi mirada sobre la escena actual, y, si puedo, compartirla, y si quieren, contrastarla con la vuestra… Ahora, que estoy en Madrid y espero ansiosa mirar Los ojos, esto es lo que veo del teatro que veo…

Antes/Ahora (enero 2011)

Antes, cuando ocupaba mi tiempo entre las aulas de Puán y los ciclos de la Lugones, iba al cine y no podía dejar de imaginar al equipo de filmación, al director, de ver los trucos en el fuera de campo… Era bastante tortuoso, porque eso me impedía relajarme y entrar en el juego que se me estaba proponiendo.

Con los años fui recuperando el placer de la ceremonia cinéfila (y no el de descubrir el truco), esa suspensión de la incredulidad que me permitió seguir refugiándome en la sala oscura a dejar que me contaran historias, me emocionaran, me hicieran descubir cosas sobre mí que no sabía…

Como animal de teatro, algo parecido me pasaba con las numerosas obras a las que asistía. Podía solamente llegar a conmoverme por una actuación particular, un gesto, un momento, pero no por lo que estaba pasando, por el aquí y ahora que es la esencia del hecho teatral. Reponerme de eso me costó más, en esta escena contemporánea en la que todo se confabula para alejarnos del teatro.

Ahora estoy volviendo del Teatro Fernán Gómez. Ahora estoy emocionada. Ahora pienso. Pienso que en esas mismas aulas en las que la deconstrucción extrema del arte me alejó del ídem, conocí a Pablo Messiez, el director de la obra que acabo de ver. Y el autor. Y uno de sus tres maravillosos actores. Pienso que la de Pablo es prácticamente la única voz del teatro actual (de ahora) que me incita, me revela, me rebela, me habla de cosas que interesan a esta persona que soy yo, ahora. Y no porque yo tenga algo que ver con sus personajes, de hecho me cuesta mucho identificarme con alguno. Y sin embargo, hablan de cosas que me pasan. Cosas que hacemos para no estar solos. Y lo hacen con toda la verdad del aquí y ahora, desnudo, sin trucos. No digo que sea verdadero, lo verdadero no me importa.

Lo que me importa es que más allá de compartir un mundo de referencias (Wong Kar Wai, Caetano Veloso o Clarice Lispector) o un legado generacional -vaya uno a saber si existe semejante cosa-, me interesa lo que me está contando. Me interesa cómo me lo está contando. Me interesa que no me diga todo, que me deje rumiando un rato hasta poder reaccionar. Me interesa que Fernanda Orazi me sorprenda aún más de lo que me sorprendió en Muda, el montaje anterior de este equipo. Que pueda ser profundo haciendo algo sin grandes pretensiones, chiquito, intenso. Que me emocione, que me conmueva (como no me pasaba en el teatro desde la imprescindible Urtain, en la que, curiosamente, también estaba otra de las actrices, la enorme Estefanía de los Santos). Que me incomode. Esto es el teatro para mí, ahora.

Entonces, ahora pienso en Puán, en la recuperada ceremonia teatral, en mi amigo Pablo (hasta en la sopa), y me alegra tener ese pasado común con él, aunque más no sea porque me siento orgullosa de haberlo visto -más de lejos o más de cerca- crecer artísticamente (qué tonta, como si la genialidad se pudiera pegar). Y aunque sé, amigo, que las palabras no alcanzan pero es lo que hay, escribo esta nota para decirte que espero que pronto me regales más de tus relatos en cuerpo y alma.

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About teatrorama

Verónica Doynel. Gestora cultural, programadora y productora de artes escénicas, cineseriéfila y lectora voraz. Cultivo la autoficción (autoayuda onanista + ciencia-ficción no futurista), con un toque de ironía. Puro teatro, vamos. En algún punto, tomando la acepción japonesa de "crisis" como peligro/oportunidad, asumí mi desorden de personalidad múltiple y me hice freelance. Ah, el discreto encanto de la autonomía. Como me falta tiempo, escribo. O lo intento. Soy porteña en Madrid. O lo intento. PD: Miembro fundadora del grupo #Tuiteatreros, integrado por espectadores entusiastas que comparten sus impresiones vía Twitter.

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