¡Viva La Bagatela!: El olmo que da peras, o el placer del teatro despojado

Si me preguntas por qué está ciudad me sigue enamorando después de tantos años, te respondería con una cita en mi último rincón descubierto. Es verdad que a veces parece que Madrid no tiene la efervescencia de mi querida Buenos Aires, o que si pudiera tener mar como Barcelona, entonces ya sería perfecta. Sin embargo cada tanto te sorprendes seducida por un espacio nuevo, con el encanto y los olores y la magia de los rincones viejos pero con las posibilidades de inventar todo lo inédito.

El sábado estuve en La Bagatela de Lavapiés, una asociación cultural dedicada al teatro, la literatura, la fotografía, el cine y mucho más. Creo que me conquistaron ni bien traspasé la puerta: sonaba Babasónicos y un chico muy amable nos dio un naipe (me tocó de corazones) a modo de entrada. Entre flores y libros, puedes comerte una empanada exquisita (ahí es donde empiezas a comprobar tus sospechas de un elemento argentino entre los componentes de tan particular asociación). Después, los no más de veinticinco privilegiados que disfrutaríamos de esa joyita que es La pera del olmo, espectáculo creado, dirigido y actuado por Natalia López y Toni Ruiz, bajamos al subsuelo.

Ella -como servidora- es una porteña en Madrid; él es un madrileño que podría pasar por porteño. Deliciosos ambos (él me tuvo desde “la chaqueta, bombón”; ella clava como nadie el “¡pucha!”), con mucho talento desgranan su teatro íntimo, despojado, mínimo, casi como si te contaran un secreto al oído. Los textos lúcidos, las situaciones brillantes y la capacidad expresiva de los dos intérpretes nos meten de lleno en una montaña rusa, con el vértigo ante la identificación en las escenas, pero desde el placer más puro ante el juego teatral que te obliga a creer incluso en un olmo que pueda dar peras. Porque en esta obra el deseo de lo imposible (re)contruye ese absurdo cotidiano, tan Carver, tan Sallinger, tan nuestro, en el cuerpo y la voz de la espléndida pareja de actores.

Después del huracán, llega la calma. Y el ritual de la Bagatela impone que los artistas agradezcan e inviten a los presentes a valorar el espectáculo: entrada (salida, en realidad) “a la gorra”. También charlan con el público; investigo un poco y me entero de que esta compañía de teatro “a dos continentes” busca, a través de la primacía de la actuación como forma y lenguaje de creación, que el disfrute de lo que hacen sea condición estructural de sus producciones. Lo consiguen. Se nota. Además me entero de que Toni Ruiz (cuando fue un madrileño en Baires), dirigió una peli -en la que también actuaba Natalia- que me encantaría ver: buenos aires cuatropuntocinco.

Descubro que en La Bagatela hay lugar para las iniciativas más atractivas y delirantes: talleres de encuadernamiento, monográficos de collage, clases de costura creativa, club de lectura, grupo de estudio cinematográfico, encuentros con los artistas del barrio… Además del doblete de La pera del olmo de los sábados, cada miércoles celebran las Noches de teatro despojado.

Entonces entiendo que esta Bagatela no tiene nada que ver con la insulsa definición de la RAE (“cosa de poca sustancia o valor”) sino que se inspira en un texto de Sonata de invierno (1905) de Valle-Inclán: “Yo no aspiro a enseñar, sino a divertir. Toda mi doctrina está en una sola frase: ¡Viva la bagatela! Para mí, haber aprendido a sonreír, es la mayor conquista de la humanidad“. Sustancia y sonrisas es lo que sobra en este rincón de Lavapiés que algún día, si te animás, también podría ser tuyo.

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Nota mental (en espejo)

Yo también tenía una bagatela en Baires. El Callejón de los Deseos, proyecto personal de varios artistas entre los que se encontraban el actor Miguel Ángel Solá y la artista plástica Alicia Leloutre, era el lugar donde soñábamos cuando yo tenía dieciocho años y montamos la obra con la que fuimos al Festival Internacional de Teatro de La Habana. Allá lo de trabajar en cooperativa era la única opción. También ahí había empanadas y exposiciones en el bar y ladrillo a la vista y libros y un gato. Ese rincón ha cambiado bastante desde que me fui, pero en mi última visita porteña disfruté allí de la increíble “Luisa se estrella contra su casa” de la compañía Vilma Diamante. Hay lugares en los que la magia queda impregnada en las paredes. Y en las sonrisas.

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About teatrorama

Verónica Doynel. Gestora cultural, programadora y productora de artes escénicas, cineseriéfila y lectora voraz. Cultivo la autoficción (autoayuda onanista + ciencia-ficción no futurista), con un toque de ironía. Puro teatro, vamos. En algún punto, tomando la acepción japonesa de "crisis" como peligro/oportunidad, asumí mi desorden de personalidad múltiple y me hice freelance. Ah, el discreto encanto de la autonomía. Como me falta tiempo, escribo. O lo intento. Soy porteña en Madrid. O lo intento. PD: Miembro fundadora del grupo #Tuiteatreros, integrado por espectadores entusiastas que comparten sus impresiones vía Twitter.

7 responses to “¡Viva La Bagatela!: El olmo que da peras, o el placer del teatro despojado”

  1. teatrera says :

    Pues habrá que ir, no? Suena fenomenal! Incluso para los de Albacete. 😉

  2. puri says :

    Es maravillosa, los actores lo bordan,teatro del bueno.

  3. Ignacio says :

    Yo también estuve en La Bagatela.Excepcional por nivel actoral y calidad humanas.
    Una casualidad ( que agradezco ) me llevó a dar con su escondite.Maravilloso error.

Caleidoscopio

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